Conmocionados y sobreviviendo para evitar lo peor

La vida en Omonia, en el centro de Athenas, está conmocionada por la crisis. Los vecinos en el 2008 empezaron a sentir que era cada vez más difícil vender espacios de publicidad. En el 2010 perdieron su trabajo súbitamente. Y en el 2013 empiezan a comprender que ya nunca encontrarán otro empleo. Los negocios familiares cierran uno tras otro. Los homeless vienen aquí porque hay mucha gente a quien pedir limosna. Igual que los yonkis que cuando dejan de tomar droga se convierten en zombis e invaden la noche. Por todos lados hay bienes inmuebles en alquiler o en venta. En los bajos de la calle Kaningos sólo queda un negocio abierto. No sólo han cerrado las tiendas, además los vecinos se han ido. Las casas son ahora oficinas semi-desiertas. Pero el fontanero Sotiris Pordeias no tiene dónde ir, lleva trabajando aquí 35 años.
Sotiris Pordeias: Antes había una panadería, una carnicería… Y pequeños restaurantes y muchas cosas. La gente caminaba por la calle y en navidades y pascuas organizábamos actividades para animar la calle. Pero ahora el centro de la ciudad está muerto.
De noche se convierte en la galería del horror con hombres y mujeres enfermos arrastrándose como zombis o tirados en el suelo sin poder moverse.

Giorgia Karkavelia de 50 años de edad a menudo cree que es la única vecina que vive en su bloque de la calle Kaningos. Trabajaba en una revista de decoración hasta que fue despedida súbitamente, después de 18 años. Fue un shock para ella. Pero el índice de desempleo en su profesión ronda ahora el 65% y las revistas prefieren gente joven, habituados a la prensa electrónica, a la que además les pagan menos, 300 euros al mes y trabajan 10 horas al día.
Giorgia no tiene pensión, ni la tendrá hasta que cumpliere 67 años. El apartamento es de su marido, que es corresponsal de ERT en Roma, así que es mucho peor que la incertibumbre lo que se les ha echado encima. Antes salían a cenar fuera. Compraban libros. Si estaba triste podría comprarse un segundo pinta-labios. No tenían deudas, ni tienen hijos. Hubo un tiempo en que estaba deprimida por no tener hijos pero ahora cree que fue mejor no tenerlos. Pero es muy duro ver derrumbarse toda tu vida. Trabajaron por tener una mínima calidad de vida y una mínima seguridad frente al futuro cercano. Ahora las han perdido.
Giorgia Karkavelia: Mi mayor miedo es que estoy perdiendo la dignidad. Es mi único miedo. En la parte de atrás de mi cabeza tengo un plan B, que no sé si se me permite decir. Pienso que si la situación se vuelve demasiado dolorosa, tengo la solución de cometer un suicidio. Es mi plan. Ese es mi plan B. No viviré en un país donde no hay dignidad, no quiero vivir con los nazis en el gobierno. Odio que anden por la calle pegando a los inmigrantes.
El primer ministro declaró que no descartaba la idea de formar gobierno con los nazis. Giorgia ya no no reconoce su país, siente vergüenza. Por la noche oye gritos de la calle, sirenas de policía, incluso cocktail molotovs. Un poco más allí esta Exagia, la república independiente de los anarquistas, aquí abajo zombi-land, más allí el barrio donde se cocina la metanfetamina y hay hasta prostitución infantil, todas las atrocidades imaginables. Al otro lado chinatown, y en el centro, los nazis y la falsa fe en un futuro limpio y brillante sin inmigrantes. Desde el balcón de su apartamento se ven las ruinas de Acropolis.
El único contrapunto de esta tragedia es que están surgiendo nuevas formas de solidaridad a pequeña escala según Giorgia. Ayudas recíprocas entre la gente, económicas y de todo tipo, pero en un clima general donde la población continúa estando convenientemente dividida entre ideologías rivales.

Un obstetra, el presidente de ellos, director medico del hospital Elena de Athenas, especializado en maternidad nos explicó que es la primera vez en Grecia que aumenta la mortalidad pre-natal. Las mujeres ya no practican medicina preventiva, a veces ni siquiera pueden pagar los 5 euros que para ser examinadas por un médico tienen que pagar como contribución a los costes del hospital. Si no están aseguradas deben pagar además el tratamiento. Por ejemplo el seguro de los periodistas por una mamografía les daba 100 euros el año pasado, cuesta 110 aproximadamente, este año sólo les dan 40. En palabras del doctor Farmakides: “Si no practicas la medicina preventiva desarrollas enfermedades y si desarrollas enfermedades o te mueres o aumentas los costes”. Los planes del gobierno son los mismos que están siendo practicados en España, unificar hospitales, crear nuevos protocolos… Todo para reducir los números de la noche a la mañana cuando según los responsables de los hospitales es un proceso que necesita mucho tiempo y que debe hacerse de otro modo, asumiendo que no se puede esperar que la atención sanitaria sea un negocio, especialmente cuando la gente no tiene dinero y pierde sus trabajos y sus casas. Un dato: muchos niños cuyos padres no tienen seguro están dejando de ser vacunados.

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